El don de los desterrados.
El gato capturó al cuervo. Cuando comenzó a alimentarse, un poema brotó de las entrañas de su presa. Un poema, fruto del dolor y la desesperación, recorrió los cielos y la tierra, entregando un don y un látigo a todos aquellos que se dejaron seducir. El poema caló tanto, tantísimo, que los bosques dejaron de existir, tornándose en un mero sacrificio, una moneda de cambio que los desterrados de Helicón estaban dispuestos a conceder. Pako Mulero Arenillas